martes, 21 de diciembre de 2010

EJEMPLO DE COHESIÓN

Mecanismos de cohesión del texto “Tiquismiquis” ( es de un pagina web, no está realizado por mí)

Nos encontramos ante un artículo de opinión de Juan Manuel de Prada en el que se burla con cierta ironía de los lectores que se ofenden (o se hacen los ofendidos) cada vez que los periodistas utilizan un término en sentido figurando. El modo de elocución empleado en el texto es la argumentación, como es habitual en el género de opinión. Vamos a analizar los mecanismos que garantizan la cohesión del texto, clasificándolos en función del nivel de la lengua al que afectan.
En el nivel gramatical, podemos comenzar hablando de la deixis extratextual. En este sentido, varias palabras y expresiones del texto se refieren tanto al emisor del texto como a las circunstancias en que fue escrito el artículo. Por ejemplo, el pronombre “yo” (que hace referencia al autor, en este caso, Juan Manuel de Prada), o expresiones como “Hace algunos meses”, “hace unas semanas” o “en esta misma revista”, que están para nosotros vacías de contenido ya que no se nos especifican la fecha de redacción del texto o el medio en el que se publicó.
En cuanto a la deixis textual, hay diversos pronombres que se refieren a palabras o expresiones aparecidas en el texto con anterioridad (anáforas): es el caso, por ejemplo, de los pronombres o adverbios relativos que encabezan las subordinadas adjetivas (“el articulista que me precede…”, “la jaula donde las palabras crían michelines…”, “Fiodor Dostoievski, quien, por cierto, era epiléptico.”) y de otros pronombres personales (“a nadie se le escapa”, “también la expresión coloquial lo admite”) o demostrativos (“En esto [en usar figuradamente el lenguaje] sigo el magisterio...”). También son anafóricos algunos adjetivos posesivos: “deslizar la mirada sobre sus paredes” [las del aposento].
Otro procedimiento de cohesión presente en el nivel gramatical es la elipsis, aunque no es muy frecuente. Ejemplos de elipsis nominal serían los siguientes: “utilizo un registro lingüístico distinto del [registro] puramente enunciativo” o “el comportamiento de los niños es con frecuencia mucho más cabal y lógico que el [comportamiento] de los adultos”.
En el nivel léxico-semántico, podemos empezar hablando de la recurrencia léxica, pues hay varias palabras que se repiten varias veces a lo largo del texto, como “uso figurado”, “recurso”, “risa”, “expresión”, “comportamiento”, “literario”, etc. En ocasiones, se repiten lexemas a través de la aparición de palabras de la misma familia, como “articulista” y “artículo”, “argumentación y “argumentativo”, o “expresión” y “expresivo”.
Otra veces, para evitar la repetición léxica, el autor recurre al empleo de sinónimos: “palabra” y “término”, “empleo” y “uso”, “escarnecer”, “vejar” y “denigrar”, “reprochar” y “afear”, “cabal” y “lógico”, etc. Como ejemplos de sinonimia referencial podríamos citar la expresión “esta enfermedad”, que el autor utiliza para referirse a la epilepsia, antes mencionada. Por el contrario, en otras ocasiones, utiliza términos o expresiones de sentido contrario. Así, funcionan como antónimos dentro de este texto las palabras “expresión literaria” y “expresión coloquial”, “niños” y “adultos”, “figurado” y “puramente enunciativo”, “roma” y “brillante”… Se oponen también “amenidad” y “monotonía” (aunque lo que encontramos en el texto es el adjetivo “monótonas”). Entre otros términos del texto, se dan relaciones de hiponimia: por ejemplo, tanto “símil” como “imagen” son hipónimos de “recurso retórico”, mientras que “enfermedad” podría considerarse hiperónimo de “epiléptico”.
El campo conceptual que predomina en el texto es el del lenguaje. Pertenecen a él tanto sustantivos (“lenguaje”, “registro”, “palabra”, “texto”, “expresión”, “recurso”, “símil”, “imagen”…), como adjetivos (“lingüístico”, “expresivos”, “literario”, “coloquial”, “retórico”, “figurado”…) y verbos (“escribir”, “describir”, “decir”…). Dentro de este campo, podría incluirse otro más concreto, relacionado con el periodismo: “artículo”, “articulista”, “publicar”, “revista”, “lectores”…
Junto al campo semántico del lenguaje, encontramos otro que tiene que ver con esas personas que se sienten agredidas por el uso que algunos periodistas hacen del mismo (los llamados “tiquismiquis” por el autor). Por una parte, hay una serie de palabras que describen la actitud de esas personas, como “cartas iracundas”, “reprochar”, “afear” o “interpretaciones torticeras”, mientras que otras tienen que ver con lo ofensivos que encuentran esos usos del lenguaje: “ofendido”, “imperdonable agresión”, “hiriente”, “propósito denigratorio”, “menospreciar”, “escarnecer”, “vejar”…
En definitiva, los dos campos que estructuran el texto están íntimamente relacionados con el tema del mismo: la susceptibilidad de quienes se sienten heridos por ciertos usos figurados del lenguaje.
En cuanto al nivel textual, encontramos varios marcadores del discurso que establecen distintas relaciones entre las ideas que se vierten dentro del texto. Por ejemplo, el “También” que encabeza el segundo párrafo del texto es un conector que indica adición, suma de ideas, y que le sirve a Juan Manuel de Prada para explicar que estas quejas de las que habla no las recibe solo el articulista que le precede en la revista, sino que él también se suma a esta lista de escritores que se sienten coartados por sus lectores “tiquismiquis”. Encontramos también, detrás de una pausa fuerte, el conector adversativo “pero” (línea 13), que expresa oposición de ideas, y de nuevo el marcador aditivo “también” en la 16. Importantes son también los dos conectores de ejemplificación que encontramos en la línea 17 (“así, por ejemplo”), que el autor utiliza para introducir unos ejemplos que le van a servir para reforzar su tesis. Finalmente, en la última línea del texto encontramos un marcador de digresión (“por cierto”), con el que Juan Manuel de Prada indica que va a incluir un dato que no se relaciona directamente con lo anterior (en este caso, el hecho de que Dostoievski fuera epiléptico, evidentemente, no tiene nada que ver con que Juan Manuel de Prada lo admire, ni con que usara figuradamente el lenguaje, pero el autor quiere introducir ese dato para demostrarles a los epilépticos, con cierta sorna, que no tiene nada contra ellos) . Los otros marcadores presentes en el texto son de tipo pragmático, y los utiliza el autor para insistir en la evidencia de sus afirmaciones y concederles así más fuerza persuasiva (“desde luego” y “por supuesto”).
En conclusión, podemos decir que nos encontramos ante un texto cuya coherencia queda garantizada a través del empleo de distintos mecanismos, que afectan a los distintos planos de la lengua. En este texto, tienen especial importancia el uso de elementos anafóricos que remiten a otros que ya han aparecido en el discurso, la repetición semántica a través del empleo de sinónimos y antónimos, la presencia de dos campos semánticos claros que estructuran el texto y el uso de marcadores del discurso que sirven para relacionar las distintas ideas vertidas en el artículo.

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